La farsa de los ausentes, crítica completa

Cuando la teatralidad compite con la realidad dudamos constantemente qué es lo apócrifo y qué lo original. La farsa de los ausentes es un espectáculo que expone la construcción de la fantasía y nos hace pensar si acaso no estaremos en un loop eterno naciendo y muriendo, a falta de identidad, reencarnando en otros personajes, en otras vidas.

La dirección es de Juan Comotti sobre el texto de Pompeyo Audivert que el año pasado la puso en escena en el Teatro San Martín adaptando El desierto entra en la ciudad, la obra póstuma de Roberto Arlt. Por eso, si tenemos que responder de quién es, es de Arlt, de Audivert y de Comotti también por la impronta que el director mendocino entrega en esta versión.

Es que Comotti viene trabajando desde hace tiempo en la concepción de máquinas teatrales y en ese engranaje metafísico donde convive lo sagrado y lo profano del teatro, encastran perfectamente otras estéticas exploradas largamente por la Enko Compañía Teatral. Por supuesto Brecht a la cabeza en el distanciamiento; Kantor, en el impacto de las imágenes y la pátina grotesca; Pirandello, en el bufón. Esa deformación monstruosa que permite reírnos de los temas más ríspidos, más densos.

Y es acá donde está uno de los mayores aciertos del director. Porque decide animalizar a los personajes con la técnica del bufón en una polifonía de diecinueve intérpretes en escena. De esa fauna coral participa también el músico Claudio Brachetta que se mimetiza en el grupo como el linyera Antonio Tormo y esto le permite atender a sus instrumentos en cualquier momento.

La sinopsis argumental nos adelanta que sobre los restos de un paisaje nacional derrumbado, fuera del tiempo y ya sin nombre, condenados a los caprichos de César, los últimos habitantes se aferran a la ilusión de Dios, sin saber que están en un teatro.

Este planteo se desarrolla en una farsa en cuatro actos que comienza en tono operístico con César (interpretado por Santiago Frazzetta) reclamando luz para seguir. Avanzando entre un conjunto de seres autómatas en perfecta analogía con Tiempos modernos, de Chaplin. Y también nos remite al cine de Pasolini en la presentación del bacanal.

Paréntesis, Artl escribió El desierto entra en la ciudad en el ’42. Se publicó en el ’52. Pregunta: ¿Quién es César? Respuesta a lo Beckett: ¿Importa acaso? En el contexto macro sangraba la 2da Guerra Mundial. Génesis de la cultura zombie. Fin del paréntesis.

Sigamos, el texto propone un ambiente de cementerio-basural. Y, en este punto, otro lucimiento de Comotti quien también asume la escenografía de la obra. En correspondencia con el teatro de retazos, diseñó un tapete de bolsas de alimentos para mascotas.

Según nos contó, es una sátira al descarte, al consumo de alimento balanceado en los barrios privados en este espectáculo de pan y circo. Mientras que el telón de fondo es un patchwork de faldas usadas en Vendimia que estaban por ser descartadas. Porque un requerimiento en la dramaturgia es la presencia del color bordeaux.

La transformación del espacio hacia el edén prometido la logra desde el techo desplazando hojas de palmeras con un dispositivo hecho con tanzas. Así, piso y techo; tierra y cielo se resignifican en el éxodo metafóricamente.

En este concierto polifónico hay lugar para el destaque de ciertas voces y para que desde la platea oigamos con claridad las melodías independientes. Algunas son Leonor o Rosita (Verónica Calderón); la perra Laica Minelli (Diana Moyano); el sacerdote (Juanjo Cinquemani); Borges (Cristian Bustos) relator bufón (Juan José López); el poeta Federico (Karim Pabst); Inés y Roque (Andrea Cortez y Charli Suárez, respectivamente) y el bebé (Victoria García Galiano).

Una criatura parida a la sombra de un molino rojo. Y otra vez la pregunta ¿quién es el bebé? Paréntesis Roberto Arlt también era periodista y conocía muy bien los hilos de la prensa. Fin del paréntesis.

Son tantas las asociaciones de acontecimientos sociopolíticos, religiosos. Los significados y significantes. Las ambiguaciones, que La Farsa de los Ausentes es un festín semiótico del metateatro. Una cinta moebius apocalíptica que recorremos para siempre volver al punto inicial en una infinita mutación./S.L.

Ficha Técnica

Dirección: Juan Cristóbal Comotti

Intérpretes: Ana Artaza, Evelyn Benavidez, Cristian Bustos, Verónica Calderón, Pierina Carrera Moya, Juan José Cinquemani, Andrea Cortéz, Rodrigo Di Mella, Alejandro Ferluci Sifón, Santiago Frazzetta, Victoria García Galiano, Juan Pablo López, Roberto Miranda, Oscar Miremont, Graciela Montiel, Diana Moyano, Karim Pabst, Carlos Santiago Suárez

Vestuario: Camila Cereda

Asistencia de vestuario: Ruth Oviedo

Escenografía e iluminación: Juan Cristóbal Comotti

Asistencia en utilería mayor: Alejandro Ferluci Sifón y Cristian Bustos

Musicalización: Claudio Brachetta