Chicos Católicos, apostólicos, romanos, crítica completa

Hablando en serio -aunque suene a contradicción- la pregunta es ¿de qué se ríen? La duda detonó en el espectáculo Chicos, católicos, apostólicos, romanos. Un show de humor plagado de chistes explicados. Si lo que se observa en la platea es catharsis, ese efecto purificador que manifiesta el público ante la escenificación de sus conflictos y pasiones…es más serio de lo que pensamos. ¿Será que inmersos en una crisis sociocultural buscamos la alegría en cualquier lugar?

La obra comienza mostrándonos a cinco personajes muy bien tipificados: el celador interpretado por Francisco Carrasco (también director del espectáculo y coproductor); el niño gordo objeto de bullying en la piel de Jonathan Maza; el niño gay por Agustín Díaz; el judío, por Fabián Calle y la “marimacho” por Diana Moyano.

Hago un paréntesis para contarles que la obra viene de Buenos Aires con la autoría de Juan Paya y entre los porteños ya lleva ocho años en la cartelera. Al momento de esta grabación se cumplían las cinco funciones de la puesta local.

El argumento es simplón. Los chicos que van a 5to grado deben ser convencidos de las bondades de tomar la primera comunión. Y de esta noble tarea se ocupará el celador que es un ángel que ha vuelto a la tierra.

Esa trama básica sirve de base para el propósito general que es cuestionar a los colegios confesionales en cómo informan sobre educación sexual integral o cómo explican el misterio de la santísima trinidad. Y de esas explicaciones confusas que da la iglesia se generan situaciones cómicas en las interpretaciones de los niños.

Hasta ahí, todo bien con un regodeo exacerbado en el humor escatológico y repetición de palabras que hacen gracia en la primera infancia (culo, teta) como lógica expansión de su vocabulario. No ya en chicos de 10 años. Lo escatológico del texto va condecorado con reiterados escupitajos.

Una vez puede causar gracia pero si el chiste se repite y se repite, se vence el efecto. Se pierde la sorpresa. Ya sabemos lo que va a pasar.

Hablando de la iglesia, el autor no ha querido dejar pasar por alto el tema de los curas pedófilos, y pone en boca del sacerdote cordobés (muy bien interpretado por Jonathan Maza) la doble intencionalidad de “comerse un pebete”.

Pero hay temas muy sensibles que se frivolizan con el eco de la carcajada del momento. Absolutamente desacertada la idea de nombrar a la monja Kosaca Kumico acusada de aberrantes abusos a niños en el Instituto Próvolo.

Si la obra se sostiene aún con esos derrapes es por el despliegue de recursos actorales que demuestran tener sus intérpretes. Son todos muy buenos en lo que hacen.

Pero ¿para qué? o ¿con qué necesidad? o vuelvo a la pregunta inicial, de qué nos reímos. Tal vez reímos para no llorar buscando la alegría en cualquier lugar./S.L.

Ficha Técnica

Dirección: Francisco Carrasco

Texto: Juan Paya

Intérpretes: Diana Moyano, Jonathan Maza, Agustín Díaz, Fabián Calle y Francisco Carrasco.

Vestuario: Marcelo Mengarelli

Maquillaje: Martina Carrasco

Escenografía: Eleonora Sánchez