Bruno, crítica completa

Fantaseamos los humanos con situaciones extremas. Los aventureros con ser únicos habitantes de una isla. Los ambiciosos, con ganar la lotería. Y los existencialistas, con tener sólo un día de vida. Esta última alternativa la plantean los títeres de Giraluna en Bruno, un espectáculo para adultos que cala hondo en la conciencia de estar vivos.

La obra se basa en el cuento Negro (uno de los que componen el libro Sucedió en colores). Y es negro porque nos habla de la muerte. Pero si lo miramos desde un lado más optimista, nos habla de la imprescindible noción de la existencia.

Bruno, el protagonista es un deshollinador que está tiznado por dentro y por fuera. Sus días son opacos, desteñidos, amargos. Sin embargo todo tomará otro matiz cuando la muerte venga a buscarlo y le anuncie que sólo le queda un día de vida.

Con un esmerado trabajo de dramaturgia, la directora de Buenos Aires Adriana Sobrero, posteriormente Alejandro Manzano en Mendoza y la titiritera Gabi Carli recuperan lo que hay de realismo mágico en una narración que nunca pierde la teatralidad. Es difícil no caer en la tentación de contar el cuento tal cual está escrito. Sobre todo cuando viene de tan buena autoría. Pero se corre el riesgo de caer en el sopor de una narración plana.

Acá, eso no pasa. Es como si el texto brillase en texturas. Y un ingrediente que hace lucir esos relieves es la presencia visible de la titiritera desde el comienzo. Ella está ahí para contarnos la historia de Bruno.

La intención es evidenciar el trabajo de la titiritera de animar la vida de los objetos inanimados. Y de animar al protagonista a sentir que el mayor desafío no es vivir sino estar vivo.

Gabi Carli lo resuelve como sólo una gran profesional puede lograrlo. Porque tanto en la manipulación de títeres como en la interpretación se maneja con ductilidad. Oportunamente a cada personaje le pone la voz y el cuerpo que necesita en desdoblamientos notables. Es ella, y es Bruno; la muerte enmascarada; Melania enamorada; el artista callejero; el chocolatero; los niños; el monje.

Este último personaje es realmente desopilante en las capas de ironía que maneja. Bruno hace un arduo trabajo limpiando el templo, pero la respuesta que recibe es un “que Dios se lo pague”.

La música original de la obra es de Marcos Salas. El compositor acompaña en vivo sobre melodías a base de piano.

Los sonidos del metrónomo cada vez que se acerca la muerte es como si nos tocasen el hombro a nosotros los espectadores. Y no está nada mal que nos pase eso. Salimos con ganas de llegar a ver a los hijos, hacerle un mimo al perro, escuchando una linda música brindar con una copa de vino./ S.L.

Ficha Técnica

Elenco: Giraluna

Intérpretes: Gabi Carli y Marcos Salas

Dirección: Adriana Sobrero (Bs. As.) / Alejandro Manzano (Mza.)

Música original: Marcos Salas.

Asesoramiento en vestuario y maquillaje: Cecila Caroff

Música: Álvaro Alaniz

Escenografía: Majo Delgado