Visita nocturna a la Biblioteca San Martín, crítica completa

Participamos de una visita nocturna por la Biblioteca Pública General San Martín y redescubrimos el edificio en sus recovecos con todo lo que atesoran. Porque solamente en la noche se revelan los secretos y -créanme- en la Biblioteca pasan cosas.

El “tour-función” comienza de imprevisto. Y esa sorpresa inicial nos atrapa porque rompe la expectativa de una clásica visita guiada. Así que no les voy a adelantar exactamente lo que pasa para que ustedes vivan la experiencia, porque de eso se trata esta puesta de teatro itinerante.

Un grupo de seis intérpretes dirigidos por Sacha Barrera Oro se mezcla con un grupo de cuatro empleados de la Biblioteca en complicidad de su directora Marta Babillón. Y todos se mezclan con nosotros, las cuarenta personas que formamos el público. Entonces nadie sabe a quién tiene al lado. Ese clima misterioso se asentúa en la oscuridad porque el encargado del tablero de luces no ha llegado.

Así, alumbrados por linternas entramos en la primera estación, la Sala de Lectura. De a poco la penumbra acostumbra a la retina a fijar su atención en los objetos que de día pasan inadvertidos. Redescubrimos las colecciones de libros europeos, observamos un cuadro recuperado, mientras –entre lecturas- dos jóvenes se cuchichean al oído. Una voz en off relata la inauguración de la Biblioteca un 9 de Julio de 1822.
En ese momento la emoción va increscendo revalorizando el legado que el General don José de San Martín supo afianzar por la cultura de los mendocinos.

Como en los teatros, en la biblioteca habitan fantasmas. Y hay uno muy romántico que nos dedica un poema de su autoría, Juan Crisóstomo Lafinur. Seguimos al escritor entre las estanterías y nos enteramos de que fue tío bisabuelo de Jorge Luis Borges. Datos curiosos como ese abundan en el guión. Y si no son aportados por el texto, surgen entre los comentarios de los espectadores.

Después de recorrer el fodo general pasamos a la hemeroteca y ahí está Rosita, un personaje que homenajea a una empleada que falleció hace quince años.

Tal vez uno de los sitios más atractivos para los participantes sea la sala de consulta de la hemeroteca porque es donde tenemos la posibilidad de interactuar con los diarios y revistas archivados. Ahí durante unos minutos podemos investigar en lo que fue noticia un día como hoy pero de tiempo bien pasado.
Para los lectores, la posibilidad de entrar en contacto con los libros, de hojearlos, tocar la textura de sus tapas y hasta percibir ese perfume tan especial de las encuadernaciones añosas es un detalle que podría estar presente en más momentos del recorrido.

La historia nacional presente en todo el recorrido se hace audible en una vieja radio que suena desde el taller de encuadernación en el subsuelo. Son los retazos de discursos de Perón o de Videla los que dan el pie para hablar sobre la dictadura y la función de ese espacio como refugio escondite de perseguidos políticos, prostitutas y travestis que escapaban de la policía en los ’70. Y por supuesto el pie para hablar de libros prohibidos, censurados.
Escaleras arriba nos esperan varios tesoros como las joyas bibliográficas, por ejemplo. El volumen más antiguo, Concordancia del Antiguo y Nuevo Testamento es de 1603. En la sala de Autores Mendocinos, la primera novela de Armando Tejada Gómez, Dios era olvido.

Imperdible una curiosa anécdota en el relato de Babillón sobre la amistad que sellaron a fuego y pan el imprentero Gildo D’Acurzzio y el escritor Rodolfo Braceli.

¿Que si San Martín está presente? ¡Muy presente! Tanto, que podemos escuchar contarle cómo andan las cosas, escuchar sus consejos y hasta tomarnos una selfie con él./S.L.

Ficha Técnica

Dirección: Sacha Barrera Oro

Intérpretes: Dardo Boggia; Diego Alejandro Rios; Sebastián Pujol; Mercedes Bustamante; Lara Garro y Enrique Lucero.

Personal de la Biblioteca: Liliana Miranda; Mariana Herrera Rubia; Adrián Méndez y Fabián Wunkhaus.

Coordinación: Marta Babillón